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Yo Soy Tú

La herida original

La herida original

Tienes una herida muy profundo dentro de ti.

Yace soterrada bajo muchas capas, como en una cebolla, por eso no es facilmente accesible.

En el parto cósmico, en el que te escindiste y te separaste del Uno, se refleja repetidamente el parto físico vida tras vida.

Pasaste de una situación de confort, seguridad, estado de plenitud y carencia de dudas, a un estado nuevo y desconocido para ti.

Pasaste de estar en el Uno, a ser individual.

Y eso lo sentiste como un desgarro, como algo violento, traumático.

Eso que sentiste como una herida profunda, en realidad fue un acto de creatividad cósmico, de la misma manera que gracias a un parto físico una nueva y bella vida viene al mundo.

Debido a esta herida sientes un desasosiego, como que te falta algo, y pasas vida tras vida buscando aquello que te complete de nuevo, que te haga sentir vivo, libre, seguro.

Y andas incansablemente buscando ese amor, esa esencia, eso que crees que debes hallar fuera de ti.

Esa herida no la puede sanar nada externo a ti.

Crees que puedes encontrar a otra persona que te comprenda profundamente, íntimamente, y que ello sanará tu herida, o que aliviará tu dolor.

Y así creas relaciones interpersonales basadas en la necesidad de sanarte a ti mismo, sobretodo en el caso de las más íntimas.

Y así muchas veces caes en la dependencia, o aprovechas la herida del otro para manipularlo, pues él también cree que eres la solución a su problema.

No sigas fomentando la ilusión de que otro resuelva tu problema, ni quieras que otro resuelva el suyo propio.

Cuando pretendes sanar las heridas de otro, crees que de alguna forma si él sana, eso te dará fuerzas para hacerlo tú también.

Sólo estás evitando tu propia responsabilidad acerca de tu problema, porque temes que el dolor sea insoportable.

La herida es tuya, y requiere de tu comprensión, de tu consciente atención y compasión.

Cálmate, intenta evocar ese instante en el que te separaste de tu madre, o del Uno, y abrázalo con amor.

Cuando venga a ti la comprensión, la razón por la que todo esto debía ser de este modo, sanarás, y tus mejores sueños se verán realizados a partir de ese momento.

El juicio del ego

El juicio del ego

De Un Curso de Milagros:

Nadie puede juzgar basándose en pruebas parciales.

Eso no es juzgar.

Es simplemente una opinión basada en la ignorancia y en la duda.

Su aparente certeza no es sino una capa con la que pretende ocultar la incertidumbre.

Necesita una defensa irracional porque es irracional.

Y la defensa que presenta parece ser muy sólida y convincente, y estar libre de toda duda debido a todas las dudas subyacentes.

No pareces poner en tela de juicio el mundo que ves.

No cuestionas realmente lo que te muestran los ojos del cuerpo.

Tampoco te preguntas por qué crees en ello, a pesar de que hace mucho tiempo que te diste cuenta de que los sentidos engañan.

El que creas lo que te muestran hasta el último detalle es todavía más extraño si te detienes a pensar con cuánta frecuencia su testimonio ha sido erróneo.

¿Por qué confías en ellos tan ciegamente?

¿No será por la duda subyacente que deseas ocultar tras un alarde de certeza?

¿Cómo ibas a poder juzgar?

Tus juicios se basan en el testimonio que te ofrecen los sentidos.

No obstante, jamás hubo testimonio más falso que ése.

Mas ¿de qué otra manera excepto ésa, juzgas al mundo que ves?

Tienes una fe ciega en lo que tus ojos y tus oídos te informan.

Crees que lo que tus dedos tocan es real y que lo que encierran en su puño es la verdad.

Esto es lo que entiendes, y lo que consideras más real que aquello de lo que da testimonio la eterna Voz que habla por Dios Mismo.

¿A eso es a lo que llamas juzgar?

Se te ha exhortado en muchas ocasiones a que te abstengas de juzgar, mas no porque sea un derecho que se te quiera negar.

No puedes juzgar.

Lo único que puedes hacer es creer en los juicios del ego, los cuales son todos falsos.

El ego dirige tus sentidos celosamente, para probarte cuán débil eres, cuán indefenso y temeroso, cuán aprehensivo del justo castigo, cuán ennegrecido por el pecado y cuán miserable por razón de tu culpabilidad.

Tiempo de pruebas

Tiempo de pruebas

Se han acabado los tiempos de obtener conocimiento para un futuro desarrollo interior.

Ya es el momento de aplicarse, ya es la hora de poner en práctica lo aprendido y Ser mejor, más equilibrado, más neutral, más amoroso, más compasivo, más tolerante.

Ese estado de Ser sólo llega a través de la comprensión, no de una reformulación de las máscaras conductuales.

Esa comprensión llega con un equilibrio, un silencio, una observación del entorno y de uno mismo, y una constante atención a cada acto y pensamiento.

Quien tiene esa semilla de querer perfeccionarse, regará esa semilla adecuadamente, y quitará las malas hierbas para que crezca un nuevo corazón.

No es hora ya de convencer a nadie, es el tiempo de las pruebas finales, de los exámenes de ingreso a una nueva Realidad.

En esa Realidad se aceptará a cualquiera que se considere a sí mismo digno, y capaz de soportar las duras exigencias (según el ego) para un nuevo estado iluminado.

Serán tiempos duros para todos, como duro es cualquier examen, pero para algunos será una prueba de bendición y purificación para la humanidad, pues sabrán -y saben en su interior- cual es la recompensa por aprobarlo y estarán preparados, habiendo estudiado concienzudamente.

Recordad que no se nos pide creer nada, sino comprovar por nosotros mismos, tener los sentidos abiertos, y esperar que nuestro interior nos revele los misterios.

En caso contrario, entramos en una vía de fanatismo y seguimiento de las masas adormecidas, que siempre buscan las respuestas fuera de sí mismos, siempre relegando la responsabilidad de sí mismos en guías presuntamente capaces.

Este examen requiere de un profundo sentido de la individualidad, pero una individualidad consciente de sí misma, y consciente de la hermandad que comparte con todos -sin excepción- los demás seres, inteligentes o no, buenos o malos, humanos o no humanos, despiertos o dormidos.

Ya es hora de despertar, y de desapegarse de los valores de este mundo que se basan en la desigualdad, en la división, en la ley del más fuerte, en la ley del becerro de oro.

Muy, muy pronto llegará el momento de esta gran prueba, de este gran cambio, y muchos se tirarán de los pelos porque ya será demasiado tarde.

Se darán las condiciones adecuadas, pues se caerán los vestidos sociales, las comodidades, la búsqueda del placer inmediato será fútil, y se dará lugar a una división de conciencias entre los que buscan volver a los viejos valores, y los que se enfocan a una nueva Humanidad y se entregan al cambio.

Muchos querrán aprovecharse de la situación para manipular a otros, y cada vez más se diferenciará la Luz de la Oscuridad (ilusión); se separará el grano de la paja.

Estas son las pautas: No creer, pero no ser escéptico, abrir la mente, considerar nuevas posibilidades, estar alerta del interior, buscar el silencio, la soledad, y limpiarse en todos los niveles. Abrazar el amor, la armonía, el equilibrio y la neutralidad en la percepción de este mundo de manifestación.

La verdad en el amor

La verdad en el amor

Extracto de Evangelio de Jesús - Esta es mi Palabra Alfa y Omega:

Quien de la verdad sólo habla y opina que su prójimo debería verla de la misma forma que él, todavía no ha puesto el pie en la escalera que conduce a la verdad eterna. A quien no realice las facetas de la verdad que le sean manifiestas y que haya reconocido como verdaderas, no se le revelarán otras facetas de la verdad eterna.
Quien, pues, de la verdad sólo hable, no podrá revelar la verdad a su prójimo, porque no conoce el camino de la realización.
Y quien crea que únicamente lo que él dice es correcto y no admita otras facetas de la verdad, es necio y ciego para la verdad.
De modo que quien sólo cree en lo que él puede entender y persiste en la opinión de tener toda la verdad, se está oponiendo a los que realizan una faceta de la verdad eterna tras otra para alcanzar la verdad eterna.
Comprended: quien está contra su prójimo, sea cual sea el motivo, está contra Dios. Quien está contra Dios, no está en la verdad, en el cumplimiento de la ley de Dios, del amor.
...
"¿De qué les aprovechará la fe que han adoptado, si no la ejercen en justicia? Los que tienen amor lo tienen todo, y sin amor nada tiene valor. Que cada uno guarde lo que reconoce como la verdad, por amor y sabiendo que donde no hay amor la verdad es letra muerta y no sirve de nada."
...
La fe en la verdad no es la verdad misma, la ley de la vida. Quien se contente con sólo la fe en la verdad, nunca captará la verdad, y tampoco vivirá en ella.
La fe auténtica es el requisito para realizar la faceta que de la verdad eterna se ha captado. Pero quien no amplía su conciencia con la realización, no puede captar la justicia de Dios y por tanto tampoco practicar la justicia.
Tampoco puede dar desinteresadamente, porque no ha revelado en sí mismo el amor desinteresado, la ley de la vida, la verdad. Sólo lo que el hombre ha realizado, de las legitimidades de Dios, puede darlo desinteresadamente, pues únicamente desde la realización de las facetas que ha captado de la verdad, crece el amor desinteresado, que a su vez se regala desinteresadamente. Quien no tiene amor desinteresado, tampoco vive en la verdad. Sólo gira alrededor de sí mismo; se ama a sí mismo, pero no ama la verdad, pues ésta está libre del yo humano.
Lo que no es dado desde el amor desinteresado, no vale nada. Aunque el hombre hable mucho sobre la verdad eterna y desee enseñarla a su prójimo, esto sigue siendo palabras huecas, en cierto modo envoltorios muertos, porque no tienen vida espiritual, es decir, son letras muertas.
Quien no da desde el cumplimiento de la ley, desde Dios, sino sólo difunde lo que ha recopilado leyendo, que considera la verdad, no es instructor alguno de la verdad -aunque sea teólogo, sacerdote, cura o crea en la Biblia, aun si posee títulos importantes.
Aquel cuyo corazón está endurecido, está ciego para la vida. No tiene amor alguno -ni por los hombres, ni por los animales, plantas o piedras.
Aquel cuyo corazón está endurecido y cuyos ojos son ciegos, habla y actúa contra su prójimo y contra la Creación.
Por eso, examinad con los ojos de la justicia, y entonces por sus frutos reconoceréis a los instructores justos y a los falsos.
Quien vive en la verdad, ve lo que otros no ven y oye lo que otros no oyen; por eso dejará a cada cual su fe.
Los hombres en el espíritu del Señor, no condenarán ni perseguirán a su prójimo, a aquellos que reciben saber espiritual de otras fuentes y lo interpretan correspondientemente.
Cada hombre es conducido conforme a su estado de conciencia, a menudo a través de varios obstáculos o de otras fuentes, hasta que puede reconocer la fuente de la verdad.

El valor del mundo

El valor del mundo

La única elección posible es: todo o nada.

Mientras sigas dando valor al mundo que ves, tendrás nada, pues este mundo no existe.

No podrás encontrar la felicidad ni la satisfacción en este mundo donde todo es efímero, pasajero, nada perdura en él.

La belleza de una flor está en los ojos del que mira; de la misma manera, la belleza, el amor y la felicidad no están en el mundo, sinó en ti, que estás más allá de él.

Pero todo este bloque de ilusión se sostendrá en tu percepción hasta que no renuncies a todas y cada una de las partes, cuando veas que has dado valor a un sueño y has postergado tu despertar.

Has dado un significado al mundo, que de por sí no tiene ya que no es nada.

Lo único valioso es lo que ya tienes, que está más allá de este espacio-tiempo esperando a que tomes conciencia de ello; son tus regalos en la eternidad, fuera del tiempo.

En cambio, si valoras lo que no perdura, lo que está limitado por el tiempo, estás confundido respecto a tu percepción, ya que has dado realidad a algo que carece por completo de ella.

Debes saber que si niegas algo a uno de tus hermanos, por mísero que te parezca, lo pierdes todo, porque estás apegándote a una ilusión en tu intento de no dar para no perder.

¿Pero qué puedes perder donde no hay nada? 

Esta "realidad" que percibes está sólo en tu mente, y necesitas ayuda para darte cuenta de ello, ayuda que se te dará en la medida que estés dispuesto a recibirla.

Así irás avanzando hacia la Verdad, retrocediendo algunas veces, para reanudar la marcha de nuevo.

El éxito está asegurado, la demora en el camino es del tiempo, y el tiempo no es nada en la eternidad.

Elegir la liberación

Elegir la liberación

Sólo hay un camino posible, sólo una elección posible: seguir como estás, o abandonar todas estas vías aparentes llenas de falsas promesas y decepción y aceptar el Plan de Salvación de Dios.

Ese Plan empieza así: Nada hay fuera de ti que deba cambiar para que te puedas salvar.

Nada hay fuera de ti que pueda impedir tu completa liberación y plenitud, tu sanación completa, y tu felicidad plenas.

En tu conciencia perceptiva actual has creado una idea de cuerpo físico que separa lo que eres tú de lo que está fuera de ti, cuando en realidad no existe tal división.

Según tu creencia, empiezas y acabas dentro de un tejido que envuelve una masa de carne, músculos, huesos y vísceras, y lo que está más allá de eso no eres tú, sino un mundo repleto de otros cuerpos como tú, que sufren, odian, se atacan y mueren.

Tales ilusiones no pueden dañarte realmente, pues eres Espíritu eterno e invulnerable, pero mantienen tu mente dividida, confusa, y a ti atado de pies y manos por la encerrona que tú mismo creaste al pensarte separado del Todo y en un cuerpo vulnerable.

No hay diferencia entre lo que crees y lo que ves, ni entre lo que das y lo que recibes, pues son lo mismo, ya que no hay separación entre el mundo y tú, pues la piel es una frontera que sólo está en tu mente, y el cuerpo que delimita sólo es un habitáculo al que das valor y realidad.

Te has enseñado a ti mismo lo que eres y has fracasado en tu búsqueda de paz; no puedes ser tu propio maestro porque no sabes lo que te enseñas.

Déjate guiar por la Voz de la Verdad, que sabe perfectamente discernir entre lo real de lo ilusorio, Él es el perfecto maestro que te conducirá a la Luz.

El mundo de la culpabilidad

El mundo de la culpabilidad

De Un Curso de Milagros:

Si no te sintieses culpable no podrías atacar, pues la condenación es la raíz del ataque.

La condenación es el juicio que una mente hace contra otra de que es indigna de amor y merecedora de castigo.

Y en esto radica la división, pues la mente que juzga se percibe a sí misma como separada de la mente a la que juzga, creyendo que al castigar a otra mente, puede ella librarse del castigo.

Todo esto no es más que un intento ilusorio de la mente de negarse a sí misma y de eludir la sanción que dicha negación conlleva.

El mundo que ves es el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido.

Contempla detenidamente este mundo y te darás cuenta de que así es.

Pues este mundo es el símbolo del castigo, y todas las leyes que parecen regirlo son las leyes de la muerte.

Los niños vienen al mundo con dolor y a través del dolor, su crecimiento va acompañado de sufrimiento y muy pronto aprenden lo que son las penas, la separación y la muerte.

Sus mentes parecen estar atrapadas en sus cerebros, y sus fuerzas parecen decaer cuando sus cuerpos se lastiman.

Parecen amar, sin embargo, abandonan y son abandonados.

Parecen perder aquello que aman, la cual es quizá la más descabellada de todas las creencias.

Y sus cuerpos se marchitan, exhalan el último suspiro, se les da sepultura y dejan de existir.

Ni uno solo de ellos ha podido dejar de creer que Dios es cruel.

Si éste fuese el mundo real, Dios sería ciertamente cruel.

Pues ningún Padre podría someter a Sus hijos a eso como pago por la salvación y al mismo tiempo ser amoroso.

El amor no mata para salvar.

Si lo hiciese, el ataque sería la salvación, y ésta es la interpretación del ego, no la de Dios.

Sólo el mundo de la culpabilidad podría exigir eso, pues sólo los que se sienten culpables podrían concebirlo.

La bienvenida a la vida

La bienvenida a la vida

De Un Curso de Milagros:

Contempla este día, pues es la vida, la mismísima vida de la vida; en su breve transcurrir residen todas las realidades y las verdades de la existencia, la dicha del crecimiento, el esplendor de la acción, la gloria del poder.

Pues ayer es sólo un sueño, y mañana sólo una visión.

Pero hoy, bien vivido, hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza.

Contempla, por lo tanto, con beneplácito a este día.

Cada día, y cada minuto de cada día y en cada instante de cada minuto, no haces sino revivir ese instante en el que la hora del terror ocupó el lugar del amor.

Y así mueres cada día para vivir otra vez, hasta que cruces la brecha entre el pasado y el presente, la cual en realidad no existe.

Esto es toda vida, un aparente intervalo entre nacimiento y muerte y de nuevo a la vida, la repetición de un instante que hace mucho que desapareció y que no puede revivirse.

Y el tiempo no es más que la creencia demente de que lo que ya pasó todavía está aquí y ahora.

Perdona el pasado y olvídate de él, pues ya pasó; ya no estás en el espacio entre los dos mundos.

Mira a tu hermano dulcemente... y contempla el mundo en el que la percepción de tu odio se transformó en un mundo de amor.

El perdón como llave para la salvación

El perdón como llave para la salvación

El perdón borra de tu registro cualquier percepción basada en la ilusión acerca de todo lo que crees ver, y te capacita para que la luz de la Verdad se alze de nuevo en tu mente dividida y limitada.

¿Qué puedes perdonar sino las memorias, que es lo que fijas en tu mente como si fuera un pasado real que te sigue afectando?

Así, permanece en tu memoria que tal persona te atacó, y tal otra te dañó, y sigues manteniendo que el efecto de sus actos aún perdura y que ellos no han cambiado.

Basándote en estos "hechos" activas tu vigilancia para defenderte de otras figuras atacantes potenciales, y proyectas al mundo todo tu miedo, tus dudas, y tu ataque.

Todo lo que percibes en tu hermano, lo refuerzas en ti, y todo lo que das, lo recibes, y todo lo que enseñas, lo aprendes.

Toda esta percepción ilusoria que se basa en una interacción entre cuerpos separados entre sí, que se dañan o se aman, sigue perpetuando la loca idea de estar separado de la Mente Una, y así sigue el sueño de vivir en un mundo hostil y azaroso.

Un animal no entiende el perdón, porque no entiende el pecado ni la culpa, y no ve nada que haya que perdonar.

Por eso si le maltratas, al rato siguiente te ofrece la misma consideración y ha olvidado cualquier tipo de rencilla, pues él no te condena.

La culpa es algo que aprendiste, por eso ahora debes aprender a perdonar, y recuperar así toda la energía-conciencia que diste a un pasado ilusorio, permitiendo así liberar el pasado también a las otras mentes que claman perdón.

El perdón es no ver, no considerar, no percibir mal alguno en nadie ni en nada.

Has aprendido muy bien a fabricar oscuridad, y a sumergirte en las tinieblas, y ahora estás empezando a darte cuenta que toda esta experiencia ya acabó, pero que sigues aferrado a esta "realidad", convalesciente, sin saber cómo salir de ella.

Sólo contempla la Verdadera Luz que resplandece en cada ser y situación, pues siempre está presente, velada por la oscuridad de una ilusión fabricada de maldad y odio, esperando a que la descubras.

El despertar del sueño

El despertar del sueño

Eres un soñador viviendo en tu propio sueño. 

Estás proyectando tus ideas inventadas de sufrimiento y muerte al mundo, y corroborando continuamente que crees saber cómo es el mundo mediante todos los testigos de tus proyecciones.

Así justificas todo lo que has inventado para auto-limitarte en una conciencia perceptiva.

Si supieras que, como en un sueño, todo lo que crees externo a ti que te ataca y te deja a merced de los acontecimientos, no es más que fruto de tus fabricaciones mentales, dejarías de seguir ese sendero de ilusión.

Deja que el silencio penetre en tu mente, y así la Voz de la Verdad te bendecirá y te irá despertando de tu letargo.

Tu Real Naturaleza esta limpia de pecado, sufrimiento y muerte, tu cuerpo es tan solo el símbolo de tu loca idea de separación con respecto al Todo. 

Estás usando la memoria para contener a cada instante toda tu estructura de ideas acerca de lo que eres, tal que has sido conformado según todos los hechos de tu pasado.

Ya no existe la causa de cada asunto de tu pasado, pero la conservas en tu memoria ya que has decidido conservar sus efectos, y no puede haber efecto sin causa, ni causa sin efecto, pues son uno.

Si no existe la causa, más que en tu memoria, estás decidiendo usar tu memoria para auto castigarte y limitarte, creyendo que eres el efecto de una causa ya inexistente. 

El silencio te permitirá dejar de resistirte, pues es lo que estás haciendo al querer conservar la identidad que crees ser, pensando ser el resultado de tu pasado.

En ese sueño de ideas encadenadas sin fin, como en un círculo cerrado, estás prolongando tu agonía de vivir en un cuerpo que enferma y muere.

Sólo existe una elección posible: romper ese círculo vicioso y alcanzar la plenitud, o quedarte como estás, en tu encadenamiento de sueños.

Pide y se te dará, recibirás la ayuda necesaria, pues tú sólo no puedes ahora ver dónde está la salida.

En tu memoria ancestral aún pervive el recuerdo de lo que eras, y de lo que serás de nuevo, pues nunca has dejado de ser lo que eres. 

La ilusión del sufrimiento

La ilusión del sufrimiento

Tienes una creencia básica acerca del sufrimiento arraigada en tu mente.

Crees que en la vida el aprendizaje, los logros, e incluso el amor, se consiguen a través del esfuerzo y el sufrimiento.

Esa creencia condiciona tu percepción de la realidad de forma que la alegría, la dicha y la paz perfectas se ven veladas por una ilusión.

No ves la realidad tal como es.

Ves un mundo concebido en el dolor, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte, y crees que eso es real.

Creer que eso es real te "acomoda" en esa percepción y te impide concebir la visión total, en la que tu poder co-creador es infalible.

El conocimiento de tu poder divino está ahora limitado por tu pequeña concepción del mundo y de ti.

Tu capacidad está ahora sesgada porque no la usas, simplemente, más que para afianzarte en tu percepción invertida y seguir perpetuando la creencia de tu incapacidad.

Te crees un ser minúsculo y lo compruebas cada día con tu percepción limitada, y así sigues creyendo en esa realidad ilusoria.

Cuando en realidad dispones de todas las posibilidades a tu favor para llenarte de amor, alegría y paz.

Nadie en este universo puede tomar decisiones por ti, por eso eres respetado aún usando todo el poder para limitarte a ti mismo.

Elige la alegría, lo positivo, la felicidad y el amor, que son tu herencia natural, tu condición inicial sin mancha.

Sólo eso es real.

Y cada pequeño intento que hagas en pos de liberarte de tus cadenas, está fuertemente apoyado por la luz de la Verdad.

Por eso es que el éxito está asegurado.

Muerte y Vida

Muerte y Vida

Debes aprender a morir.

Solo así te darás cuenta de que la muerte no es real.

Si fluyes con la vida, eres cambio continuo.

¿Pero qué subyace bajo todo ese cambio?

Eres eterno y libre, ésta es la verdad.

Cuando te estancas en tus creencias, cuando crees tener conclusiones, ya estás muerto, pero no mueres.

Aquí estar muerto significa escuchar sólo la voz que dice "yo soy así, yo soy este cuerpo".

Identificarte con el cuerpo es el engaño perfecto del ego.

La necesidad de que el cuerpo duerma, debería darte una pista acerca de tu Origen.

En el sueño, te olvidas de tu identidad habitual, y recuperas tu libertad.

El cambio es muerte, y la muerte es vida.

Muere a tus ideas y tus preconceptos, niégate a ti mismo, y vivirás.

Eso significa aceptar tu Real Naturaleza, en lugar de estar protegiendo tu falsa identidad.

No eres quien ves en el espejo, ni ésa es tu vida.

Tu vida no está en el cuerpo, está a salvo en el Reino.

Tu Ser te espera pacientemente, anhelando que retornes a tu Hogar y te reúnas con Él.

Programa de estudios del Espíritu Santo (I)

Programa de estudios del Espíritu Santo (I)

Extracto de Un Curso de Milagros:

Se te ha dicho que no le otorgues realidad al error, y la manera de hacer esto es muy simple.

Si deseas creer en el error, tienes que otorgarle realidad porque el error en sí no es real.

Mas la verdad es real por derecho propio, y para creer en ella no tienes que hacer nada.

Comprende que no reaccionas a nada directamente, sino a tu propia interpretación de ello.

Tu interpretación, por lo tanto, se convierte en la justificación de tus reacciones.

Por eso es por lo que analizar los motivos de otros es peligroso.

Si decides que alguien está realmente tratando de atacarte, abandonarte o esclavizarte, reaccionarás como si realmente lo hubiese hecho, al haberle otorgado realidad a su error.

Interpretar el error es conferirle poder, y una vez que haces eso pasas por alto la verdad.

Analizar los motivos del ego es algo muy complicado, muy confuso y nunca se hace sin la participación de tu propio ego.

Todo el proceso no es sino un intento inequívoco de demostrar que tienes la capacidad de comprender lo que percibes.

Esto lo prueba el hecho de que reaccionas ante tus interpretaciones como si fuesen correctas.

Puedes entonces controlar tus reacciones en lo que respecta a tu comportamiento, pero no en lo que respecta a tus emociones.

Esto obviamente divide o ataca la integridad de tu mente, poniendo a uno de sus niveles contra otro.

La luz, la dicha y la paz moran en mí

La luz, la dicha y la paz moran en mí

Lección 93 de Un Curso de Milagros:

Crees ser la morada del mal, de las tinieblas y del pecado.

Piensas que si alguien pudiese ver la verdad acerca de ti sentiría tal repulsión que se alejaría de ti como si de una serpiente venenosa se tratase.

Piensas que si la verdad acerca de ti te fuese revelada, te sobrecogería un horror tan grande que te apresurarías de inmediato a quitarte la vida, pues sería imposible seguir viviendo después de haber contemplado semejante atrocidad.

Estas creencias están tan firmemente arraigadas en ti que resulta difícil hacerte entender que no tienen fundamento alguno.

Que has cometido errores es obvio.

Cierto es también, teniendo en cuenta lo que ahora crees, que has buscado la salvación por extraños caminos; que te has dejado engañar y que a tu vez has engañado; que has tenido miedo de fantasías pueriles y de sueños crueles y que te has postrado ante ídolos de polvo.

La salvación requiere que aceptes un solo pensamiento: que eres tal como Dios te creó, y no lo que has hecho de ti mismo.

Sea cual sea el mal que creas haber hecho, eres tal como Dios te creó.

Sean cuales sean los errores que hayas cometido, la verdad con respecto a ti permanece inalterada.

La creación es eterna e inalterable.

Tu impecabilidad está garantizada por Dios.

Eres, y siempre serás, exactamente como fuiste creado.

Sentirse atrapado

Sentirse atrapado

Has creado tu propia cárcel, y te sientes atrapado por la ilusión.

Eres un buen mago, creador de ilusiones que parecen reales para ti.

Crees que tu ilusión te fija, no te permite cambiar, no te permite aliviarte de tus cargas.

Pero la puerta de tu cárcel está abierta, nada puede impedirte salir, excepto tú.

Estás delante de la puerta, haciéndote mil preguntas sobre qué hay detrás en lugar de abrirla.

Cruzar la puerta te da miedo, porque eso significaría cambiar, y ahora crees estar seguro protegido entre paredes.

El miedo se muestra en innumberables justificaciones sobre el riesgo de dar el paso, tal que así estás soslayando tu anhelo de libertad.

Tú inventaste la puerta, tú inventaste el cerrojo, y la llave es una ilusión.

Las paredes que dices que te protegen no existen, sólo son estructuras mentales que el ego te ha hipotecado.

La libertad parece peligrosa, porque ya te sientes como en casa, encerrado en tu celda.

Te contentas con los pocos metros de que dispones, aunque en el fondo anhelas expandirte sin limitaciones.

La cárcel está abierta, sólo tienes que permitirte salir de ella.

Un extraño en el Universo

Un extraño en el Universo

Extracto de El Libro de los Secretos, de Osho: 

Sartre dice que el hombre vive como si hubie­ra sido arrojado al mundo. Por supuesto, si no co­noces tu centro sentirás un arrojamiento, como si hubieras sido arrojado al mundo. Eres un extraño; no formas parte de este mundo, y este mundo no forma parte de ti. Entonces el miedo, entonces la ansiedad, entonces la angustia están abocados a resultar.

Un hombre, como un extraño en el universo, está abocado a sentir profunda ansiedad, espanto, miedo, angustia. Toda su vida será simplemente una lucha, una pugna, y una pugna que está desti­nada a ser un fracaso. El hombre no puede triun­far porque una parte nunca puede triunfar contra el todo.

No puedes triunfar contra la existencia. Puedes triunfar con ella, pero nunca contra ella. Y ésa es la diferencia entre un hombre religioso y un hom­bre no religioso. Un hombre no religioso está con­tra el universo; un hombre religioso está con el universo. Un hombre religioso se siente en casa. No siente que ha sido arrojado al mundo; siente que ha crecido en el mundo. Hay que recordar la diferencia entre ser arrojado y haber crecido de algo.

Cuando Sartre dice que el hombre es arrojado al mundo, la misma palabra, la formulación mis­ma muestra que no estás en tu sitio. Y la palabra, la elección de la palabra «arrojado», significa que has sido obligado sin tu consentimiento. De modo que este mundo te parece hostil. Entonces el re­sultado será la angustia.

Mi salvación procede de mí

Mi salvación procede de mí

Lección 85 del Curso de Milagros:

 

Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí.

Mis resentimientos me muestran lo que no está ahí y me ocultan lo que quiero ver. Habiendo reconocido esto, ¿para qué los quiero? Mis resentimientos me mantienen en la oscuridad y ocultan la luz. Los resentimientos y la luz no pueden coexistir, pero la luz y la visión tienen que unirse para que yo pueda ver. Y para poder ver tengo que desprenderme de mis resentimientos. Quiero ver, y ése será el medio por el que lo lograré.

 

Mi salvación procede de mí.

Hoy reconoceré dónde está mi salvación. Está en mí porque ahí es donde está su Fuente. No ha abandonado su Fuente, por lo tanto, no pudo haber abandonado mi mente. Dejaré de buscarla fuera de mí mismo. No es algo que se encuentre afuera y luego tenga que traerse adentro. Se extenderá desde dentro de mí, y todo aquello que vea no hará sino reflejar la luz que brilla en mí y en sí mismo.

 

 

El Amor no abriga resentimientos

El Amor no abriga resentimientos

Todo sufrimiento, dolor, o sensación de soledad procede de una misma creencia base:

Estar separados de la Fuente.

Al haber creado esa ilusión, nos hemos aislado de Ella perceptualmente.

La percepción ha substituido al conocimiento de Ser Uno con Ella.

Mientras estás en tu cuerpo, te percibes como una entidad aislada que actúa por cuenta propia.

En la Fuente no hay pérdida, dolor ni sufrimiento.

Tu Ser reside aún en ella, pues es inseparable, pero te has impedido reconocerlo.

Has creado un velo y tu mente se ha dividido.

Ese velo tiene un pilar base en el resentimiento.

Pues la Fuente, que es amor puro, no entiende ningún tipo de creencia de separación.

Y el resentimiento ataca al amor, pues concibe algo como separado de ti.

Así, al creer que odias algo, estás atacandote a ti mismo, y tu mente sigue dividida.

El Amor no abriga resentimientos.

¿Por qué bloqueamos nuestra energía creativa?

¿Por qué bloqueamos nuestra energía creativa?

Extracto del libro "Hágase la luz (Manos que curan 2)", de Barbara Ann Brennan

Cuando pasamos por las experiencias dolorosas de la vida, automáticamente tratamos de no sentir el dolor. Lo hemos hecho desde la infancia. Aislamos el dolor físico retirando nuestra conciencia de la parte del cuerpo olorida. Combatimos la angustia mental y emocional tensando los músculos y encerrándola en nuestro inconsciente. Para mantenerla a raya en el inconsciente (o a veces justo por debajo del nivel de la conciencia), creamos toda suerte de distracciones en nuestra vida que alejen nuestra atención de ella. Podemos mantenernos muy ocupados y hacernos adictos al trabajo, o tomar el camino contrario hacia el paraíso de la televisión. Muchos de nosotros nos hacemos adictos a las drogas, al tabaco, al chocolate o al alcohol. Otros se vuelven adictos al perfeccionismo, a ser los mejores o los peores. Proyectamos nuestros problemas sobre los demás y nos preocupamos por ellos en lugar de tratar de resolver nuestros propios conflictos. Dirigimos mal o reducimos grandes cantidades de energía con el fin de evitar sentir dolor, incluyendo lo que sentimos en el momento presente y ser quienes somos en ese momento. Creemos que da resultado. Creemos que podemos pasar sin sentir ni ser quienes somos, pero no funciona. El precio es alto, pero podemos llegar a negar que haya un precio. El precio es la vida.

Consideramos que la única forma posible de detener todo ese dolor consiste en interrumpir el flujo de energía que contiene el dolor. Hay flujos de energía específicos que contienen dolor físico, dolor emocional y dolor mental. Por desgracia, este flujo energético incluye también todo lo demás. El dolor no es más que una parte. Cuando detenemos la experiencia negativa del dolor, la ira o el miedo a cualquier situación desagradable, también podemos detener la experiencia positiva, incluidos los aspectos fisicos, emocionales y mentales de esa experiencia. Quizá no seamos conscientes de este proceso porque, para cuando hemos alcanzado la edad de la razón, lo hacemos habitualmente. Cercamos nuestras heridas. Al cercar nuestras heridas, bloqueamos también la conexión con nuestro centro o núcleo interno. Puesto que el proceso creativo emana del núcleo creativo que reside dentro de nosotros, encerramos también nuestra creatividad. Hemos tapiado literalmente la parte más profunda de nosotros respecto a nuestra conciencia y vida exterior.

Saber o no saber

Saber o no saber

Quizás leyendo estos artículos te preguntes qué se puede hacer al respecto.

Vale, sigues al ego, haces esto y lo otro, etc.

¿Qué hacer? 

Al ego le va bien que te preguntes eso, pues su objetivo es que hagas, hagas y hagas.

Si tu objetivo es alcanzar la felicidad, primero tienes que saber qué es lo que te hace feliz.

¿Y cómo vas a aprenderlo, si crees saberlo? 

Mientras creas saber cualquier cosa, te niegas a aprender.

No sabes lo que te conviene, si lo supieras ya serías completamente feliz. 

¿Cómo puedes aprender a saber lo que te hace feliz?

Pregunta. No supongas saber. Escucha. 

Mientras crees saber, no aprendes, porque te riges por unas estructuras mentales ilusorias acerca de la realidad tal como la has concebido. 

Sólo es necesario que pongas mínimamente en duda lo que dices para ti mismo que sabes.

Sólo así puedes empezar a ver la realidad bajo la luz de un nuevo sol.